sábado, 25 de junio de 2011

Matar o morir

Ante la intempestiva oportunidad histórica de que uno de los dos clubes más importantes del país descienda por primera vez en sus 110 años de vida a la segunda categoría del fútbol argentino y ante ciertos hechos recurrentes y repudiables, aquí va una pequeña reflexión:

La pasión está encendida, por miles de miles de letras que se han acumulado una detrás de la otra formando la opinión generalizada del aguante, hasta que alguien pifió el final, una vez. Esa vez, sorprendió. Fue repudiado a medias, pero con el tiempo se olvidó. Hasta que volvió a repetirse. Y así otra vez más. Un herido, dos, cuatro, diez. Hasta que la pelota, la verdadera protagonista del juego más hermoso del planeta, se manchó, cargándose varias vidas, todavía impunes, en su nombre. De repente, ya todo volvía a desvirtuarse. Ya se superaba el límite que diagraman las líneas de cal. El público arranca partidos, o los demora, anota goles, festeja desmedidamente o los termina antes de tiempo. Todo en pos de la bendita pasión. Esa pasión que no nos deja dormir el día anterior al clásico, o al partido determinante del campeonato. Esa que nos lleva a viajar distancias inimaginadas, por el solo hecho de acompañar a nuestro equipo de visitante, para rememorar el famoso "nunca caminarás solo". 
Pero los límites se corrieron peligrosamente de los márgenes y justamente, no quedan márgenes para el error: ante cualquier situación determinante puede suceder lo inexplicable, y con una frecuencia e intensidad, que a su vez, lo vuelven "lógico".
Habría que pensar que se trata nada más y nada menos de un espectáculo deportivo, que es un evento social que nos excede, que ninguna potestad tenemos más que la de "calzarnos" la camiseta e ir a alentar.
Que nos quieran pintar el fin del mundo ante un posible descenso de River es, tanto una ridiculez como una burla a la enorme cantidad de hinchas que alguna vez, lo vivió en carne propia.
Un descenso es tan sólo un retroceso, una pena en lo deportivo, al no haber conseguido los resultados convenientes o requeridos para mantener la categoría de elite, ni más ni menos que eso.
Toda la locura y paranoia generada alrededor del tema, es excesiva y debe ser también ajena, ya que el verdadero hincha no perderá el sentimiento con la categoría, sino que lo refundará y probablemente, lo aumente. Por otra parte, nuestro deporte favorito se ha convertido en una victima desde que se empezaron a multiplicar las divisas que genera, por lo cual, personas afectas al vil metal lo ensucian sin el más mínimo decoro. Duele ver amenazas de tal calibre. Duele ver que se pifie el verdadero sentido del reclamo.
Entiendo que ninguna persona que no realize su trabajo con un porcentaje excesivo de resultados positivos, pueda llegar a pensar en ser amenazado de muerte por esta situación. Así también como dudo que, alguno de nosotros, al no cobrar la remuneración pretendida por la actividad desempeñada, siga intentado con el mismo ímpetu y énfasis para realizar la tarea lo más acordemente posible. Dudo que todos aquellos que nunca representaron a un club, cuyos intereses e intenciones exceden a las personas que salen a la cancha, puedan entender realmente de que se trata. Dudo que muchos entiendan lo que se siente el salir del vestuario con la fortaleza necesaria para revertir una historia, cuando tu familia, lejos, en la tribuna, está en la mira de los indeseables de siempre. Dudo que cualquiera pueda estar en esa situación.
Debemos salvar al fútbol y parar con toda esta locura. Sea cual sea la conclusión, no es más ni menos que una circunstancia, de la cual se deberá aprender para no repetirla o mejorarla en el futuro.
No existe en esto nada de vida o muerte, solo el hecho de disputar la pelota con el corazón caliente, como si fuera la última. Que el matar o morir, se represente como significado de un resultado, siendo matar el resultar vencedor y morir, el salir derrotado, y nada más que eso.
Que no tengamos que lamentar otra victima, como alguna vez resultó serlo Escobar, tras un gol en contra que dejó afuera a Colombia del Mundial ´94.
Como le explicaremos sino, a nuestros hijos, que se trata tan sólo de un juego.

viernes, 24 de junio de 2011

Dejar

Dejar: def. de poder deshacernos de algo o alguien. Capacidad relativa en la 
personalidad humana. Me aventuro a bocetar que también podría emparentar 
con una decisión o un momento determinado. 
Poder dejar atrás en el camino no siempre significa olvidar. Aunque aseguren 
que un caballero no tiene memoria, les certifico que tiene recuerdos y que cada
uno de nosotros somos un compendio de acciones pasadas. En nuestra línea de 
tiempo, atravesamos perdidas, momentos, decisiones. La dificultad que conlleva 
el hecho de estar capacitados para resolver de la mejor manera en el instante 
preciso no nos es ajena y al girar la cabeza, casi siempre estaríamos deseosos 
de que la máquina del tiempo estuviese a nuestro alcance. 
En este microsegundo particular, he decidido que es tiempo de "dejar la falopa" 
que en sentido figurativo tiene mucha más injerencia que en el literal. 
Bifurcar caminos en el futuro no siempre corresponde a indecisiones 
continuadas, sino también al aburrimiento de lo conocido, al animarse a más.

Escapar de la necedad

Basicamente, no es necesario. 
No existen suficientes razones para ejercitar un minuto a minuto antogónico a 
nuestros ideales. 
No existen cables a tierra capaces de romper con esa mezquindad propia de la 
ocultación. 
No alcanza el oro del mundo para subrogarme el derecho de amar la fábula.
No se regalan acciones ni propiedades para olvidarse de que alcanza una 
mirada. 
No se han creado billetes de tal valor como para abonar la entrada al 
espectaculo de escucharte cantar. 
No viven seres tan trasparentes como para dejar atrás el dolor. 
No encuentro manías mejores que las que poseo. 
No entiendo problema que pueda solucionarse con una caminata vacía, sin 
perder el pelo en el intento. 
No alcanzan corazones para reemplazar al perdido. 
No existe nostalgia tan grande como para recordar al que no está. 
No hay estupidez más inolcutable que el creerse capaz de todo, sin otorgar 
nada a cambio. 
No hay peor compañía que aquella que no buscamos. 
No se encuentra peor aliado en el camino, que el que aparece a cambio de algo
o de todo. 
No hay peor necio que el que no quiere vivir

jueves, 16 de junio de 2011

Cuando lo creas preciso

Cuando lo creas preciso: cuando te concedas el tiempo, cuando sea adecuado, 
cuando la infinita conjunción de factores te ubique en el lugar indicado, 
entiendo que saldaremos cuentas. Cuentas impagas que de las cuales sos 
deudora, con conocimiento de causa y fecha cierta al fin al cabo. Un día, ese día, 
nos volveremos a mirar a los ojos, solitariamente, en un lugar perdido, lejos de
esta idiota vorágine que nos hace pensar en el próximo paso, pero nubla el 
pasado, lejos de las máquinas, los adornos y complementos. A esa cita, a la 
cual llegaremos con la cuenta de saldos aprobadas, sin asuntos pendientes, sin
miedos por vencer, con la autosuficiencia de nuestras almas, despojados de 
todo estereotipo, dispuestos y convencidos al todo o a la nada, a la extrema 
sinceridad, ahí cerraremos el círculo que alguna vez y sin previo aviso, empezó 
a trazarse entre nosotros. Vaciaremos los bolsillos, terminaremos las copas, 
brindaremos en honor a la divina providencia y ya no quedará mucho más. 
Ese momento anhelo, espero y me lleno de convicción ante las miradas 
anonadadas de los extraños. Ese día llegará, tal vez hoy, tal vez mañana o 
pasado o tal vez el día en el cual ya haya pasado demasiada agua bajo el 
puente, ese que une o separa, como para replantearse las instancias, como 
para querer volver atrás. Me lo contaron en un sueño. Cuando lo creas preciso...

Sueños

Existe un mundo donde todo es posible, donde la mayor locura puede hacerse realidad, donde la miseria mundana queda en la puerta, donde todo estça al alcance de la mano, ahçi, para nosotros, para conquistarlo.
Luce simil mundo real, auqnue cualquier parroquiano que se presente sin alteraciones psiquicas severas, puede notar que no es el fiel reflejo del correr de las horas actuales. Este mundo no pide permiso para instalarse a descansar en nuestro colchón, ni para tomar mate, es más, pone a calentar la pava, cambia la yerba y se ceba unos amargos. Logicamente, los sueños están ahí para llevarnos a un paisaje parecido, donde anda es igual, en el cual, podemos marcar ese gol de nuestras vidas, sacar a bailar a la más linda, definir una guerra o calzarnos la capa de superheroe por unos instantes. Este estado llega luego de bajar la persiana, por un rato o por largas horas, y lamentablemente, no tiene frecuencia, como para intentar revisarla y evitar que dejemos pasar el tren.
Sin embargo, el sueño llega en cualquier momento, es díficil negarle la entrada y rechazar la invitación. Los sueños son eso inexplicable en donde resolvemos la ecuación, logramos el cometido, y siempre estarán ahí, agazapados, esperando porque los invitemos a una nueva ronda.
Los sueños están ahí para plasmarlos, para vivirlos. Espero que cuando llegue el divino momento, no me encuentren dormido.

martes, 14 de junio de 2011

No me vendan más

No lo necesito. No lo quiero. No lo soporto. Puedo jurar y perjurar que estoy cansado, agotado, perdido. ¿por qué? ¿Por qué todo lo que nos rodea está sujeto a ser mercancía, a tener valor nominal?
Hay millones de experiencias que el más poderoso y millonario amo de mundo jamás pueda vivir, justamente por ese enroque brutal que genera en la personalidad humana el hecho de poseer. No soy un autista, entiendo la necesidad del dinero como valor de cambio para la subsistencia humana y también su valor simbólica para apreciar (o depreciar) cada instrumento, objeto, cosa que nos rodee. Finalmente, han conseguido ir a por todo. Tiene precio una sonrisa, una caricia, un beso, una imagen, una idea, una canción, una creencia, un amor, un color, todo. Y todos, queramos o no, nos metimos a dar vueltas en esta infernal calesita que no deja de girar, por el miedo estúpido de no pertenecer, de no llegar, de no lograr el status de vida auto-imponible que debemos conseguir, a lo que estamos predestinados desde nuestro génesis.
Lamento. Lamento ser parte de este maldito engranaje, que se come lo bello, lo hermoso, que distorsiona el faro, que corre el norte, que nos desvia el camino. ¿Estará en nosotros la solución? ¿Seremos capaces de detener la maquinaría para pensar una solución más saludable, una conexión más positiva, un final menos enfermizo? Aún así, aunque el tiempo en espera sea, como dicen, dinero; y que mientras interactuemos con nuestro intelecto nos perdamos la maravillosa posibilidad de ganar algunos centavos por sobre la media, que nos separarán de esa horrible mediocridad. Acaso la contemplación es valuable. El cielo, el mar, las estrellas, ¿tienen precio?

Si podés creer

Si podés creer que soy tan solo una ficción mal resuelta, con ese puto mensaje final, ese que te deja dando vueltas, tratando de encontrarle una significación, te equivocás. Soy mucho más que eso y también mucho más. Vivo en un mundo de realidades robadas y mentiras inventadas que me sirven de espaldarazo para no dejarme caer, aunque me regocije, de tanto en tanto, la miseria del barro, los errores mundanos, el dolor.
Puedo ser todo eso que intentas que sea, como también el cúmulo de fracasos indescriptibles, que sonríen a tu encuentro. Puedo ser todo, pero un todo contextualizado, desesperado por romper los moldes establecidos, los pactos preexistentes.
Seguramente, el problema estuvo en que nunca pudiste creer ver, tenerme en cuenta, firmar el recibo. Nunca aceptaste el hecho de que no pueda llenar los casilleros, de que no alcance el histérico status, ni el tiempo para tomarme en serio. En esa falla, estaba mi verdad. 

viernes, 3 de junio de 2011

Cuestión de tiempos

En la materia en la cual me toca escribir hoy, me autoproclamo como un incansable peleador, con éxito esporádico, aunque, slavo honrosas excepciones, todos pertenecemos a dicho grupo (gigantesco, para dar más percisiones), Parece que todo es cuestión de situaciones, momentos indicados o erroneos; tiempos, para ser breve. En muchas oportunidades nos cuesta encontrar a ese alguien que cambie de raíz la percepción de nuestros días, y de tanto en tanto, cuando lo conseguimos o creemos haberlo logrado, ingresan al partido algunos factores, no muy amistosos, a los cuales (a la fuerza) debemos hacerle lugar. Tal vez no sea cuestión de compatibilidad, ni tampoco de empatía, sino, como alguna vez me dijeron, se trata de estar viviendo desde distintos paisajes, distintas realidades. Como la búsqueda insistente puede volverse monótona, aburrida y hasta desesperada, una buena opción (y muy valedera) es darle a estas cuestiones el debido lugar e interés en nuestras vidas. Parece ser que todo está circunscripto a estados, minutos, y podemos quedar indefensos ante esto. Otra buena filosofía es no desfallecer ante el error y dejar que el reloj de arena, poco a poco, ubique las cosas en su lugar. Las situaciones se suceden o no, y poco tenemos que ver con eso. Será razón entonces, como dice el viejo Fito, de dejarlo pasar, de darle tiempo al tiempo.

jueves, 2 de junio de 2011

Perspectivas

Pensando en los lugares comunes en los que cada uno de nosotros tiende a sentarse (y teniendo en cuenta las alteraciones que suelen sufrir los mismos), acompañado de una charla con amigos, en donde todo parece resolverse de la manera más simple, empecé a entender y repensar los distintos estados de ánimo por donde circulamos (o donde inconscientemente elegimos ubicarnos) cuando la generalidad a nuestro alrededor es estática, cuando nada cambia. Podemos optar por ser positivos o tener una mirada más optimista (sin dejarnos pisar por el tiempo en esta elección) o por el contrario, pararnos en la vereda de enfrente, al analizar nuestras condiciones recurrentes, cotidianas. Es más, hasta podría intentarse el ejercicio de buscar situarse siempre en un lugar mejor, intentando encontrar de que manera atravesar los instantes con más suficiencia.
Siempre existirán retos, desafíos y piedras en el sendero, más sin ellos, que difícil y monótono se volvería todo.
Pensando esto y a la vez, recordando una querida canción, que reza que "todo depende del cristal con que se mire" entendí que apostar a ganador o sacar un pleno de tanto en tanto quizás no se vislumbre como un imposible y sin deseos de conformismo, tal vez no sea suficiente pero alcance.