viernes, 3 de junio de 2011

Cuestión de tiempos

En la materia en la cual me toca escribir hoy, me autoproclamo como un incansable peleador, con éxito esporádico, aunque, slavo honrosas excepciones, todos pertenecemos a dicho grupo (gigantesco, para dar más percisiones), Parece que todo es cuestión de situaciones, momentos indicados o erroneos; tiempos, para ser breve. En muchas oportunidades nos cuesta encontrar a ese alguien que cambie de raíz la percepción de nuestros días, y de tanto en tanto, cuando lo conseguimos o creemos haberlo logrado, ingresan al partido algunos factores, no muy amistosos, a los cuales (a la fuerza) debemos hacerle lugar. Tal vez no sea cuestión de compatibilidad, ni tampoco de empatía, sino, como alguna vez me dijeron, se trata de estar viviendo desde distintos paisajes, distintas realidades. Como la búsqueda insistente puede volverse monótona, aburrida y hasta desesperada, una buena opción (y muy valedera) es darle a estas cuestiones el debido lugar e interés en nuestras vidas. Parece ser que todo está circunscripto a estados, minutos, y podemos quedar indefensos ante esto. Otra buena filosofía es no desfallecer ante el error y dejar que el reloj de arena, poco a poco, ubique las cosas en su lugar. Las situaciones se suceden o no, y poco tenemos que ver con eso. Será razón entonces, como dice el viejo Fito, de dejarlo pasar, de darle tiempo al tiempo.

jueves, 2 de junio de 2011

Perspectivas

Pensando en los lugares comunes en los que cada uno de nosotros tiende a sentarse (y teniendo en cuenta las alteraciones que suelen sufrir los mismos), acompañado de una charla con amigos, en donde todo parece resolverse de la manera más simple, empecé a entender y repensar los distintos estados de ánimo por donde circulamos (o donde inconscientemente elegimos ubicarnos) cuando la generalidad a nuestro alrededor es estática, cuando nada cambia. Podemos optar por ser positivos o tener una mirada más optimista (sin dejarnos pisar por el tiempo en esta elección) o por el contrario, pararnos en la vereda de enfrente, al analizar nuestras condiciones recurrentes, cotidianas. Es más, hasta podría intentarse el ejercicio de buscar situarse siempre en un lugar mejor, intentando encontrar de que manera atravesar los instantes con más suficiencia.
Siempre existirán retos, desafíos y piedras en el sendero, más sin ellos, que difícil y monótono se volvería todo.
Pensando esto y a la vez, recordando una querida canción, que reza que "todo depende del cristal con que se mire" entendí que apostar a ganador o sacar un pleno de tanto en tanto quizás no se vislumbre como un imposible y sin deseos de conformismo, tal vez no sea suficiente pero alcance.

sábado, 28 de mayo de 2011

Lidiar con los fracasos

Estamos como queremos. ¿Estamos como queremos? ¿O como podemos? Cuantas circunstancias confluyen y convergen entre y ante nosotros para definir esta hipótesis. Cuantos mandatos, cuantos relatos deberían llegar hacia donde nos encontramos para ayudarnos brevemente a lograr una ínfima parte del cometido. ¿Cuanto de auto-determinación nos rodea y que porcentaje nos excede, inalcanzable? Tal vez los proyectos que estructuremos intimamente se encuentren encaminados, tal vez los afectos nos jueguen una buena mano o quizás no, pero nuestra lucha constante se empeñará (aún imperceptiblemente) en acomodar los casilleros, en recomponer nuestros errores, en iluminar nuestros problemas. Seguramente siempre miremos hacia adelante (sin olvidar, con nostalgia, el atrás) atraídos por ese irremediable magnetismo del futuro perfecto, hasta el fin de nuestros días. Llevaremos valijas enteras de grandes momentos y una mochila inocultable de fracasos. El éxito del viaje se dará, sin obviar vicisitudes temporáreas, de lo que hagamos nosotros con todo eso.